jueves, 23 de julio de 2026

Medellín - Iniciando la Peregrinación jueves, 23 de julio de 2026

El día comenzó al amanecer con el desayuno y la salida hacia el aeropuerto Luis Muñoz Marín, en Puerto Rico. La espera fue agradable, a pesar de que en dos ocasiones el vuelo se atrasó. En todo momento mantuve comunicación con Alejo, Wilson, Mami, Linna y Javier, para su tranquilidad y por su paz mental. El entretenimiento fue una mezcla entre colorear con Lifelines y la lectura de El sutil arte de que todo te importe un carajo, de Mark Manson. El tema es sumamente impactante; sin embargo, la lectura nos recuerda —o nos guía hacia— la responsabilidad de las acciones que decido a diario: las decisiones son la causa de lo que estoy viviendo día a día. Es interesante: soy la única responsable de mis compromisos, de mis estudios, de mis luchas, de mis trabajos, del amor, devolviendo las bendiciones que Dios tiene para conmigo en todos y cada uno de los momentos de mi vida.

Ya aterrizando en el Aeropuerto Internacional José María Córdova, la espera fue menos intensa, a pesar de que en todo momento nos advirtieron que la migración es bastante lenta. Esa no fue mi experiencia; al contrario, fue inmediata. Al salir, allí se encontraba Elio, un venezolano que lleva en Medellín entre diez y quince años. Le pedí de inmediato que me llevara a comer, y así fue. Nos detuvimos en Asados Doña Rosa, un espacio al que lamento no haberle tomado más fotografías: muy acogedor y lleno de alegría gracias a todos y cada uno de los empleados que allí se encontraban. Me atendió Esteban, muy simpático, de hecho, muy agradable. Me recomendó un plato con aguacate, maíz, habichuelas, carne asada al horno, chorizos y amarillitos: divino. Me tuve que llevar más de la mitad, de lo mucho que me sirvieron.

Al llegar al hotel, aproximadamente a las 3:00 p.m., bajo lluvia y mucho tapón, me esperaba Richard, muy agradable. Me brindó todos los detalles y, finalmente, una tarjeta para entrar al cuarto, acomodarme y aclimatarme. De inmediato le hice saber a Wilson que ya me encontraba en el hotel y le pregunté si me podía llevar a la Parroquia Santa María de los Ángeles, en El Poblado; accedió. Me esperaba en la parte de abajo Alejandra, una mujer hermosa con mucho dolor en el alma; hasta cierto punto me reflejé en ella. Por otro lado, el tráfico estuvo imposible: alrededor de cincuenta minutos, cuando lo normal es un trayecto de veinte. Las motoras fueron lo más absurdo que pude presenciar: sin miedo alguno se cambiaban de carril, tocando bocina. Todavía tengo esas imágenes en la mente. Finalmente llegamos; la misa ya había comenzado. Una parroquia pequeña, acogedora, hermosa, llena de detalles.

Pude estar en la eucaristía y, al finalizar la misa, me acerqué al padre. Le expliqué que estaba de visita desde Puerto Rico y se asombró. Le mencioné también que estaba en peregrinación, además de celebrando mi cumpleaños. Su bendición fue un aliciente, una paz indescriptible. Así que coordiné para el sábado 25 de julio, a las 6:00 p.m., para conocer al padre Freddy Bustamante y poder comprar los libros que el padre Arturo me encargó.

Ya de regreso al hotel, el tráfico fue menos intenso, aunque todavía había bastante congestión vehicular. Fui a un colmado cercano a comprar frutas, agua, yogurt y almendras. Tuve la tentación de un chocolate, así que tengo un premio pendiente, ya que lo dejé pasar.

A descansar, que mañana será otro día de bendición, misericordia y providencia.











 

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